CUMBRE ENERGÉTICA DEL G7 Y SEGURIDAD ECONÓMICA GLOBAL

Por María José Ramírez Santiago 

En el tablero actual de la política internacional, la energía ha dejado de ser una simple mercancía sujeta a las leyes de oferta y demanda para convertirse en el epicentro de la seguridad nacional y la cohesión económica. Hoy, el debate no gira únicamente en torno a la sostenibilidad del suministro, sino a la urgente necesidad de blindar a las economías desarrolladas frente a dinámicas de coerción y dependencia, redefiniendo así la agenda energética a nivel global.

1. Contexto Económico Global 

El contexto actual de Policrisis energética puede ser explicado principalmente a través de una inestabilidad de origen bélico en las zonas del estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico. Irán, por su parte,  asegura gozar de control sobre puntos estratégicos clave en dicha zona, amenazando en repetidas ocasiones con el cierre definitivo de dicho paso marítimo, pieza central para el intercambio comercial entre Oriente y Occidente . Tal como lo explica la International Energy Agency (IEA) (2026), el estrecho de Ormuz se constituye como un “paso marítimo angosto” que separa la Península Arábiga de Irán y conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo. Según la IEA, es a través del Estrecho de Ormuz, por donde se transportan un “promedio de 20 millones de barriles diarios (mb/d) de petróleo crudo y productos derivados en 2025” el equivalente al “25% del comercio mundial de petróleo por vía marítima”, por lo que su importancia geoestratégica radica en que “cualquier interrupción en los flujos a través del estrecho tendría enormes consecuencias para los mercados petroleros mundiales ”(iea.org).

Haciendo especial énfasis en la garantía de suministros, dicha agencia destaca que: Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) cuentan por su parte con rutas alternativas al estrecho de Ormuz, mientras que otros países como Irak, Kuwait, Qatar y Bahréin, dependen exclusivamente de este estrecho para el transporte de sus exportaciones petroleras, lo cual posiciona a Irán como un actor con potencial de coerción respecto a sus países vecinos, en el marco de su conflicto con los Estados Unidos e Israel.

Para finales de mayo, el Estado Iraní afirmó gozar del control sobre dicho estrecho en un área que se extiende por más de 22.000 km2, extendiéndose hacia las aguas territoriales de Omán y de Emiratos Árabes Unidos (EAU), a lo que este último afirmó que dichas “afirmaciones de control” eran “meras fantasías” (BBC.com). Un escenario de cierre permanente como medida coercitiva de Teherán parece aún una medida compleja pero no improbable de materializar, tomando en cuenta que las repercusiones económicas serían de tal magnitud que dirigiría a Irán a un escenario de suma cero, frente a la posibilidad de coaccionar y someter al enemigo, y su propia posibilidad de privación de sus pocos apoyos restantes.

2. Seguridad Energética y las Posiciones en el G7

La postura del G7 frente a las injerencias en el transporte marítimo internacional y la interrupción de las cadenas de suministro energética mundiales se sustenta en la Resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU (1S/RES/2817 – 1 de marzo de 2026) en la que se condena “enérgicamente  los ataques de Irán contra los países del Golfo” (securitycouncilreport.org/). A su vez, dicha resolución reconoce a la libertad de navegación como un principio fundamental del derecho internacional, incluido en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Por su parte, mediante una Declaración conjunta de los líderes del Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, los Países Bajos, Japón, Canadá y otros países sobre el estrecho de Ormuz (https://www.gov.uk – 19 de marzo de 2026) se celebró la decisión del Organismo Internacional de Energía de autorizar la liberación coordinada de reservas estratégicas de petróleo, como una medida paliativa a la amenaza de cierre definitivo, la cual representa una amenaza existencial para numerosas economías locales del Golfo, como para otras potencias extrarregionales.

Asimismo, los ministros de Comercio del G7 expresaron una profunda preocupación por lo que a su criterio corresponde a una estrategia de coerción económica como un arma geopolítica. Razón por la cual, plantea medidas de cooperación para estabilizar los mercados energéticos, incluyendo la colaboración con ciertos países productores de hidrocarburos para aumentar la producción. 

3. Impacto sobre Precios y Mercados:

Según la Agencia de Naciones Unidas el cierre del estrecho de Ormuz, podría convertirse en el factor desencadenante de “grave crisis mundial de precios de alimentos en los próximos seis a doce meses” (News.un.org). Para la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se vuelve indispensable la adopción de rutas comerciales alternativas, limitar las restricciones a las exportaciones, proteger los flujos humanitarios y crear reservas para absorber el aumento de los costos de transporte.

4. Conclusiones: Implicaciones Geopolíticas

Dicho panorama dirige a Medio Oriente a ser abordado desde un enfoque geopolítico de incertidumbre, obligando a numerosas potencias demandantes de hidrocarburos y demás materias primas a tomar medidas que le permitan salvaguardar sus suministros, buscando, a su vez, minimizar los efectos colaterales de dicho conflicto tanto en sus economías nacionales, como en el delicado equilibrio económico global. Muchos de estos efectos se encuentran ligados inminentemente al aumento del precio del crudo, a la afectación directa de la infraestructura de extracción y suministro de la industria petrolera, el potencial detrimento de la industria tecnológica a partir de la escasez del helio, los retrasos en insumos agrícolas y la afectación de la industria agrícola, y la volatilidad en los costos de traslado de materias primas.