Medio Oriente y el riesgo energético global

Por Lourdes García

Medio Oriente ha ocupado un lugar central en la evolución del Sistema Internacional desde la antigüedad. Hallazgos arqueológicos, la consolidación de estructuras políticas y urbanas y la aparición del vínculo entre poder y religión muestran su relevancia temprana. La interacción entre Oriente y Occidente impulsó procesos de transculturación, aunque también generó conflictos político-religiosos y étnicos de gran escala con amplias repercusiones.

Con la globalización, se le suman factores como las reservas energéticas y minerales y su posición estratégica, conectando continentes y rutas clave, generando una dependencia global, donde cualquier alteración regional puede desestabilizar el sistema.

Contexto del conflicto

La región ha estado históricamente atravesada por múltiples conflictos con raíces profundas, configurando un entramado de disputas territoriales, tensiones religiosas y luchas por la hegemonía regional, intensificadas por la intervención de potencias globales.

El conflicto actual parte del enfrentamiento árabe-israelí, iniciado con la creación del Estado de Israel en 1948 y la Nakba palestina, dando lugar a ciclos de violencia y desplazamiento. Este escenario cambió con la Revolución Islámica de Irán en 1979, que instauró una teocracia en oposición ideológica a Israel y Estados Unidos.

Desde entonces, Irán proyectó su influencia mediante el “Eje de la Resistencia”, apoyado por Hezbolá, Hamás y los Hutíes, consolidando una confrontación indirecta en la llamada “zona gris”. El ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023 rompió este equilibrio, generando una respuesta militar a gran escala.

Desde este hecho, la tensión en torno al programa nuclear iraní se intensificó, derivando en enfrentamientos directos, con la intervención estadounidense en 2025 como punto de inflexión. En 2026, una operación conjunta entre Estados Unidos e Israel ocasionó la muerte del líder supremo Ali Khamenei desencadenando represalias iraníes, ampliando el conflicto y dotándolo de un carácter multidimensional impregnado de narrativas religiosas, con fuerte impacto humanitario y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, incrementando el riesgo de un shock macroeconómico global.

Dependencia global del petróleo 

La globalización económica ha reconfigurado la distribución geopolítica de los factores de producción a escala mundial, consolidándose así el petróleo como un bien esencial del aparato industrial, principal recurso energético y materia prima clave. Además de impulsar los procesos económicos y tecnológicos, otorga poder a quienes lo controlan, convirtiendo el mercado petrolero en un espacio político donde interactúan múltiples actores. Esto hace que oferta, demanda y precios estén condicionados por el entorno internacional, trascendiendo fronteras. Actualmente, cerca del 80% de la energía mundial y el 66% de la electricidad provienen de combustibles fósiles (ONU, s.f.).

El Estrecho de Ormuz es un chokepoint geopolítico crítico para la dependencia global del petróleo y la seguridad energética mundial. Por esta vía circula cerca del 20% del petróleo global y el 20% del gas natural licuado (U.S. Energy Information Administration [eia], 2026). Su relevancia es mayor en países del Golfo Pérsico, altamente dependientes de esta ruta para exportaciones, mientras que las vías alternativas resultan insuficientes (eia, 2025).

Cualquier interrupción genera efectos inmediatos en los mercados, como alzas abruptas en los precios del petróleo, siendo Asia quien concentra la mayor exposición, recibiendo el 84% del crudo que transita por esta ruta (eia, 2025). 

Reacción de los mercados: impacto en los precios y suministro. 

En los mercados energéticos, la interrupción del suministro generó un shock de oferta que elevó el precio del petróleo en 45.3%, alcanzando los casi 120 dólares por barril (Trading Economics, 2026ª), mientras que el gas natural en Europa aumentó  40% (Trading Economics, 2026b), reflejando un estado de pánico donde la expectativa de escasez impulsa las cotizaciones al alza. Al mismo tiempo,  el tránsito marítimo cayó a solo 4 buques diarios, agravado por la inseguridad regional (Sailing Heaven ORG, 2026).

Las rutas alternativas han incrementado los tiempos de transporte, elevando costos de fletes, combustible y seguros, intensificando la presión sobre los precios finales y profundizando la disrupción de las cadenas de suministro globales, ya que las mismas no compensan el volumen perdido.

Simultáneo, el aumento del riesgo geopolítico y la crisis energética, han incrementando la volatilidad en el mercado financiero, observable en el índice VIX que ha marcado niveles mayores a 30 indicando una extrema inestabilidad del mercado bursátil, generando fugas hacia activos refugio y caídas en las bolsas de valores (S&P Global, 2026).

En conjunto, la crisis ha impactado en la economía global, elevando la inflación, generando políticas monetarias restrictivas prolongadas,  aumentando el  riesgo de estanflación, inseguridad alimentaria  y tensionando el suministro energético mundial.

Escenarios Económicos 

Ante este contexto, se han activado respuestas como la liberación de reservas estratégicas para estabilizar la oferta, escoltas navales e intervenciones militares para asegurar el tránsito de buques comerciales y el uso limitado de oleoductos como alternativa. Sin embargo, el riesgo de desabastecimiento sigue siendo alto si la situación se prolonga, pudiendo incluso paralizar la producción. Esto incrementa la probabilidad de una crisis global de combustible: la volatilidad del petróleo y su dependencia estructural generan presiones inflacionarias que pueden derivar en desaceleración económica o estanflación, con racionamientos, menor actividad laboral e inseguridad alimentaria.

En el plano geopolítico, plantea una posible reconfiguración y lucha por la hegemonía encabezada por Estados Unidos y China. Paralelamente, aunque la crisis impulsa la transición energética más independiente, se ve limitada por el “carbon lock-in”, reflejado en barreras tecnológicas, institucionales y conductuales que ralentizan un cambio estructural.

La centralidad histórica y energética de Medio Oriente evidencia que la estabilidad global depende de su equilibrio. Ante un conflicto que impacta precios, suministro y mercados, se vuelve urgente priorizar la diplomacia y reducir la dependencia del petróleo, fortaleciendo alternativas que mitiguen riesgos sistémicos y eviten crisis económicas y humanitarias de mayor escala.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 

eia (2025). Amid regional conflict, the Strait of Hormuz remains critical oil chokepoint.https://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=65504.  Consultado el 14 de abril de 2026.

ONU (s.f.). Datos y Cifrashttps://www.un.org/es/actnow/facts-and-figures#:~:text=Actualmente%2C%20cerca%20del%2080%20%25%20de,provienen%20de%20los%20combustibles%20f%C3%B3siles. Consultado el: 14 de abril de 2026.

Sailing Heaven ORG (2026). Marine Traffichttps://sailingheaven.org/es/trafico-maritimo/.  Consultado el 14 de abril de 2026.

S&P Global (2026). VIX The CBOE Volatility Indexhttps://www.spglobal.com/spdji/en/vix-intro/. Consultado el 14 de abril de 2026.

Trading Economics (2026ª). Brent Crude Oil. https://tradingeconomics.com/commodity/brent-crude-oil. Consultado el 14 de abril de 2026.

Trading Economics (2026b). Natural Gas EUhttps://es.tradingeconomics.com/commodity/eu-natural-gas.  Consultado el 14 de abril de 2026.

U.S. Energy Information Administration [eia] (2026). World Oil Transit Chokepointshttps://www.eia.gov/international/analysis/special-topics/World_Oil_Transit_Chokepoints–  Consultado el: 14 de abril de 2026.