Misión Artemis II y sus implicaciones globales

Por María José Ramírez Santiago

Este mes de Abril de 2026, por primera vez en generaciones, la humanidad ha sido testigo de un intento plausible de volver a posar el hombre en la luna. El panorama ha cambiado desde el último alunizaje durante la misión Apolo 17 en 1972. Hace 54 años, resultaba difícil imaginar el escenario que se vive hoy: Mujeres liderando espacios técnicos de crucial importancia para el Programa Espacial estadounidense, y la posibilidad cada vez más certera de ver a la primera mujer y persona de color pisando la superficie lunar. Son sin duda hitos de innovación en este nuevo capítulo de la travesía espacial. Sin embargo, siendo la historia cíclica el estudio geopolítico de dicho avances tecnológicos siguen presentando un paralelismo posterior incluso a 50 años, y que constituirán el principal interés del presente análisis.

1. Objetivos de la Misión: 

Tal como lo relata el Portal Government of Canada (2026), el objetivo del Programa Apolo fue, en su momento,  “llevar los primeros humanos a la Luna”. Por su parte, el actual Programa Artemis busca renovar estos objetivos y asume una nueva misión “desarrollar una presencia permanente en la superficie lunar y prepararse para futuras misiones a mayor profundidad en el espacio” (Asc-csa.gc.ca, s.f)

En sus momentos correspondientes, tanto el Programa Apolo, como el Programa Artemis, forman parte de un conjunto de esfuerzos extraordinarios de parte de las mentes más brillantes de la humanidad, que ponen sus capacidades al servicio de la promesa de sobrepasar los límites físicos y  naturales que lleven a la humanidad  más allá de las fronteras terrestres. En la década de los 60, la disputada carrera espacial estuvo liderada por los Estados Unidos de América y la Unión Soviética (URSS). Las motivaciones eran precisas: Aquel que gozara de ventaja y dominio del ámbito espacial, sería aquel que controlaría el devenir tecnológico y militar, en un contexto geopolítico en plena configuración. Las prioridades se veían perfiladas por la protección de los intereses de Seguridad Nacional, del blindaje frente al riesgo de espionaje y, por el control y acceso a recursos de interés más allá de las fronteras terrestres. 

Más de 50 años después, el Programa Artemis, ha buscado primeramente validar la viabilidad de la Cápsula Orión para la realización del recorrido y su entrada segura a la tierra; y posteriormente, a través de  Artemis II, validar los sistemas de soporte vital de la cápsula con una tripulación de cuatro astronautas: Reid Wiseman (Comandante – NASA), Victor Glover (Piloto – NASA), Christina Koch (Especialista de misión – NASA) y Jeremy Hansen (Especialista de misión – Agencia Espacial Canadiense). Durante un viaje de aproximadamente diez días, la misión Artemis II se planteó realizar una trayectoria de inyección trans-lunar, rodeando la Luna para probar las capacidades de maniobra y reentrada a altas velocidades. Este éxito es el requisito sine qua non para Artemis III, que buscará entonces dar el paso alunizaje 

2. Actores involucrados: 

La Cooperación sin duda ha sido un factor clave en la materialización del Programa Artemis. Si bien el liderazgo es de la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio), dicho programa se define por su carácter multilateral. Se ha hecho fundamental la participación de la ESA (Agencia Espacial Europea) a través del módulo Orion, en trabajo conjunto con la Agencia Espacial Canadiense (CSA) y la Agencia de Exploración Aeroespacial (JAXA). La incorporación del Sector Privado a la exploración espacial, a través de empresas como SpaceX y Lockheed Martin, se ha convertido, sin duda en una ventaja frente a otras agencias de gestión exclusivamente estatal, debido a la agilidad de sus metodologías y la afluencia de recursos para el desarrollo.

3. Competencia espacial (EE.UU., China, otros)

A día de hoy, el Programa Artemis, y la misión Artemis II, más allá de sus loables objetivos científicos, también constituye una jugada de envergadura dirigida al dominio y configuración de la geopolítica mundial, esta vez frente a nuevos y poderosos actores, principalmente la República Popular China. Tras la implementación de la política de “Reforma y Apertura” (1978) liderada por Deng Xiaoping, el crecimiento económico de China y su consecuente boomtecnológico, lo ha posicionado como un verdadero actor de influencia que busca su expansión y acceso a esferas de dominio tradicionalmente estadounidense, tal como lo es el militar y el espacial.

Enmarcado en el XV Plan Quinquenal (2026-2050), la administración china ha priorizado el establecimiento de un “ecosistema científico robusto y autónomo (independiente de las cadenas de suministros internacionales que puedan ser manipuladas por países extranjeros)” (Observatorio Política China, 2026). Al mismo tiempo, su apuesta se ha dirigido a la robotización de la exploración espacial en la Luna, visualizado al mismo tiempo a Marte. Con iniciativas dirigidas tanto a tareas generales como la vigilancia, el sondeo y el mantenimiento, como a tareas más especializadas como la minería espacial o la exploración de entornos subterráneos.

4. Innovación tecnológica 

En el ámbito de la innovación, los Estados Unidos, por su parte, han concentrado sus esfuerzos en el desarrollo del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), el cohete capaz de enviar misiones para descubrir el espacio exterior más lejos que cualquier otro. Junto con la nave espacial Orión, la estación lunar Gateway y el módulo de aterrizaje para astronautas. Su capacidad se ve reflejada en haber hasta el momento transportado 27 toneladas de carga a la Luna. Busca consolidar su posición como la nave espacial más poderosa (Mohon, 2020)

6. Implicaciones estratégicas – Conclusiones:

Una carrera espacial no declarada, nutrido por dinámicas colaterales, tales como las restricciones tecnológicas, desdibujan un escenario en el que el regreso de la humanidad a la Luna, se aleja de ser un triunfo universal atribuible al esfuerzo humano, y se convierte en una proeza abanderada del nacionalismo, que evoca a esos ahora no tan difusos momentos de la Guerra Fría